INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA EN LA CALLE HERRERIAS DE TUDELA. -La Necropolis Islamica.
La intervención arqueológica en la Calle Herrerías de Tudela, comenzó con el precedente de los enterramientos islámicos hallados en el nº 23 de la misma calle en el mes de Septiembre de 2005. Para comprobar se esta necrópolis se extendía también por la calle, se levantó con pala excavadora el pavimento frente a los números 19 y 20, ya que frente al nº 23 no se podía hacer por estar la grúa de la obra para esa vivienda.
Los restos humanos aparecieron muy someros, llegando a encontrarse el más cercano al pavimento, a tan solo 27 cms. Esto se debe a que durante el proceso de creación de la calle, ya en el siglo XVII, se cambian las rasantes, quitando tierra de esta zona. Esto ha hecho que los enterramientos más superficiales se hallen muy alterados e incompletos. A ésto hay que sumar las roturas provocadas por múltiples zanjas y pozos: pozos ciegos, canales, alcorques de árboles, tuberías y cableado moderno; sin contar las roturas que también se han infligido con las fosas de los propios enterramientos, durante las inhumaciones.
Al realizar una zanja para la recogida de aguas fecales, paralela a la fachada y a una distancia de cinco metros, comprobamos que la necrópolis era más grande de lo que habíamos supuesto en un principio y de que había enterramientos superpuestos que alcanzaban gran profundidad, llegando a cotas de 1’80 m. Se planteó, a partir de este momento, una excavación manual de todas las zanjas y del rebaje general de la calle (hasta cota de 90 cms) en toda la zona que presumiblemente ocupara el cementerio, pudiendo hacerse con medios mecánicos los rellenos modernos hasta tocar las arcillas donde se localizaban las fosas de los enterramientos. También hacer manualmente, las dos fosas para contenedores soterrados de basura, con unas dimensiones de 11 por 2’5 m., respectivamente. Los trabajos en las zanjas, recuperando los enterramientos que se encontraban perpendiculares a su trazado, dieron los límites norte y sur de la necrópolis. Esta se extiende en una longitud de 106 m, entre los números 7 y 35 de las viviendas; 35 m al norte de la calle Gayarre, frente a la calle Bóveda, y 65 m al sur de la calle Gayarre, más los seis metros de anchura de la calle. Hacia el Este, la necrópolis se extiende hasta el centro de la calle Herrerías, donde el barranco o foso natural frente a las murallas, la limitaría. Este límite de la necrópolis se localizó en la gran zanja para la tubería que recoge todas las aguas, realizada sobre una zanja anterior de finales del siglo XIX que ya rompió algunos enterramientos.
El borde de la zanja se localiza a 13 m desde las fachadas. En este punto los enterramientos se localizan a mayor profundidad debido a que la superficie de la necrópolis bajaría en suave pendiente de oeste a este. En el borde contrario de la zanja solo se apreciaban los rellenos modernos que colmatan el barranco o foso. Queda sin conocer cual sería la extensión de la necrópolis hacia el Oeste, ya debajo de las casas. Dato que solo se conocerá cuando se hagan sondeos en solares que lleguen hasta las calles Carmen Baja o Alta, o en estas calles cuando se renueven las redes de alcantarillado. El trabajo de excavación de la necrópolis en la calle Herrerias se prolongó desde el 3 de Noviembre de 2005 hasta el 20 de Abril de 2006.
En total se han recuperado 215 enterramientos y restos de enterramientos con conexión anatómica, más los 21 de la vivienda del nº 23. Los cuerpos están depositados sobre el costado derecho derecho, con las piernas ligeramente flexionadas, aunque hay un buen número que presentan las piernas rectas. Esta posición de los restos evidenció que nos encontrábamos ante la necrópolis islámica de la medina de Tudela, o al menos, una de ellas.
La orientación de los restos no es idéntica en todos ellos. En la parte más antigua de la necrópolis predomina la dirección oeste-este, habiendo otros con ligero giro hacia noroeste-sudeste. Sin embargo, los cuerpos hallados en las dos zonas de ampliación de la necrópolis presentan en su mayor parte una ligera inclinación hacia el suroeste-nordeste, con respecto al eje oeste-este. Tan solo un enterramiento presentó una disposición diferente, por encontrarse enterrado boca abajo, aunque con el cuerpo en la misma dirección, solo que con la cabeza mirando hacia el norte. Es muy probable que en vez de estar boca abajo, esté enterrado sobre el costado izquierdo y haya girado hacia delante, de todas maneras, lo enterraron al contrario que todo los demás.
Muchos enterramientos presentaban movimientos postmortem que afectaron a la posición original lateral. Estos movimientos eran simples giros hacia atrás de la cadera con tendencia a llevar al cuerpo a una posición boca arriba, movimiento que no llegaba a completarse debido a la estrechez de la fosa, quedando los restos con una ligera inclinación. También se dieron casos, muchos menos, de giros de la cadera hacia delante. Esto evidencia que los restos no se envuelven en tierra, quedando dentro de una cámara hasta que las filtraciones de agua y barro compactan el hueco. En todos los casos, la cabeza siempre ha permanecido inamovible, en posición lateral y mirando hacia el sur. Como se ha mencionado anteriormente, muchos restos se encuentran alterados y rotos por las obras que desde el siglo XVII se han venido realizando en la zona, aparte de procesos de erosión, propios de un área de barranco, que tuvieron que ir degradando la necrópolis desde época medieval. Pero también hay roturas producidas en los enterramientos durante la etapa de vigencia de la necrópolis, causadas por enterramientos posteriores. Son cortes realizados al hacer la fosa para enterrar, lo que evidencia dos cosas: una necesidad de espacio para enterrar, buscando huecos entre otras tumbas y una pérdida de la señalización de los enterramientos anteriores. Hay casos en los que la fosa rompe solo parte del enterramiento anterior, suponiendo que las señales de superficie no abarcarían toda la longitud de los restos; pero también se da el caso de fosas que rompen una gran parte del cuerpo, lo que indica que las marcas de superficie han desaparecido totalmente. Como curiosidad, se ha dado el caso en enterramientos, de ver marcas de pico en los huesos y cráneo. El operario encargado de hacer la fosa perforó los huesos y al darse cuenta los respetó y colocó el nuevo cadáver sobre los restos del anterior, sin romperlo más. Este hallazgo de restos anteriores al hacer las fosas para enterrar a nuevos difuntos debió de ser bastante frecuente, por lo que algunos enterramientos presentan losas de piedra para proteger los restos. Estos son los únicos restos constructivos relacionados con los enterramientos, ya que carecen de lajas laterales. Habría que pensar que en la mayor parte de ellos, la fosa se taparía con una tabla de madera.
Común a todas las necrópolis islámicas, los cuerpos se introducen en una simple fosa, directamente sobre la tierra y envueltos en una sábana o sudario, sin caja de madera y ningún tipo de ajuar o resto que pudiera dejar una vestimenta. Sin embargo, entre los 236 restos recuperados, alguno si que ha aparecido con resto de ajuar, aunque solo hayan sido simples objetos enterrados con el cuerpo. Destaca el hallazgo de un pequeño cubilete de cerámica esmaltada en blanco que apareció junto al hombro de un enterramiento. También se han hallado dos pequeñas vasijas y una jarra de cerámica común durante los trabajos de excavación, con toda seguridad relacionadas con enterramientos aunque no se localizó el cuerpo con el que iban asociadas.
También se puede denominar ajuar el hallazgo de un cuerno junto al brazo de otro enterramiento, en una posición no casual. Otros objetos inusuales, como una taba, o una pirita, también pueden ser considerados ajuares, aunque pueden ser objeto de intrusiones por azar.
El estado de conservación de los restos es bastante aceptable. Solo están mal conservados aquellos que quedaron más superficiales cuando se modificaron las rasantes para hacer la calle. Estos restos se encontraron muy fragmentados, siendo en algún caso imposible su extracción íntegra. La tierra arcillosa y muy compacta que se ha filtrado en las fosas ha protegido bien los huesos, pero también los ha sometido a fuerte presión, fisurandolos. A falta de todo un estudio de los restos sobre antropometría, edad, sexo, patologías, etc, para el cual no hay fecha de realización, solo se pueden reseñar algunos elementos significativos que se han visto durante el proceso de excavación. La mayor parte de los individuos adultos rondaba el 1’60 de estatura, pero aparecieron individuos de gran altura, superando 1’70 m, incluso dos superaron 1’80 m. También se hallaron dos mujeres embarazadas con los huesecillos del feto recogidos en la zona del vientre.
Muy significativas son las evidencias de violencia en algunos huesos. Aparte de fracturas de costillas, golpes o deformaciones que parecen proceder de la época de infancia, hay algunos cortes en huesos largos y en cráneos que no se produjeron durante procesos de excavación antiguos o actuales, sino que son producto de ataque con arma. Aparecen perforaciones en el cráneo de forma romboidal u oval, incluso un ejemplar de cráneo presentó un corte limpio, de espada o hacha, que le hizo saltar parte del hueso. Todas estas heridas supusieron la muerte del individuo, pero también se han encontrado otras que cicatrizaron, tanto en extremidades como en cráneo.
Otro dato extraído tras la excavación de la necrópolis es la alta densidad de enterramientos que se puede cifrar en 2’5 individuos por metro cuadrado. Las dos zonas para su estudio han sido las fosas para los contenedores de basura, donde se ha llegado hasta los niveles de arcilla y grava natural, agotando los niveles de enterramiento. Aunque parezca exagerado, esta densidad se produce por tres condicionantes: Por una parte, la alta mortandad infantil, común a todas las comunidades medievales.
En segundo lugar la aparición de superposiciones en los enterramientos y la gran cantidad de cortes de unos con otros. No se puede hablar de capas ni niveles de enterramiento, pues estos no se encuentran generalizados a una cota, sino que son superposiciones puntuales, quizás controladas por un mismo enterrador que el algunos casos llega a colocar tres cuerpos separados por cotas de medio metro.
Y en tercer lugar, una característica singular de la necrópolis islámica de Tudela, que es la presencia de enterramientos colectivos. Estos agrupamientos, desde un mínimo de dos individuos a un máximo de ocho, son una excepción en las necrópolis islámicas, ya que la norma es que cada individuo ocupe una fosa. El caso de las superposiciones si que se documenta en ciudades, como en Zaragoza, pero no el de estas fosas comunes, donde los restos se han depositado manteniendo la posición canónica.
Esta alta densidad evidencia una clara falta de espacio, razón por la cual se buscó otro emplazamiento. El abandono de la necrópolis se evidencia por la falta de cerámicas posteriores al siglo XI tanto en los rellenos posteriores de las fosas, como de la tierra en la que están hechas, algo que debería de haberse producido si las prácticas de enterramiento hubieran perdurado hasta la conversión de los mudéjares en el siglo XVI. La cronología de esta necrópolis viene dada por el estudio de las cerámicas halladas en la tierra intacta al exterior de las fosas, contrastada con la que se ha hallado en su interior, así como los restos de vasijas consideradas como ajuares. De este estudio se evidencia que esta necrópolis comenzó su existencia en el siglo IX. Estaría limitada por el barranco o foso que la separaría de las murallas, accediendo a ella por la denominada Puerta del Mercado. Entre la puerta y la necrópolis habría originalmente una distancia de 90 m en línea recta sin enterramientos, ocupada por una zona con pequeños barrancos. La falta de espacio en la necrópolis hizo ampliar el área de enterramientos hacia zonas más cercanas a la puerta, por lo que se echó tierra limpia en la zona de barrancos, sepultando pequeños depósitos de escombro y basura que quedaron bajo los nuevos enterramientos. Este proceso de ampliación se realizó nuevamente hacia los bordes del barranco o foso, a principios del siglo XI, donde la capa de tierra limpia fue menor y las fosas se realizaron sobre rellenos con escombro más sucio, con más cal y cerámicas más modernas que los anteriores.
Por el análisis de las cerámicas halladas en estos niveles, se deduce una perduración de esta necrópolis hasta principios o mediados del siglo XI. Posteriormente a esta fecha hay que pensar que su ubicación sería la que suponíamos como lugar de la necrópolis islámica, entre la calle Juan Antonio Fernández y la Torre Monreal. - Torreon Semicircular. Una vez finalizada la fase de excavación de la necrópolis islámica, la pala excavadora prosiguió el rebaje general la superficie de Herrerías que todavía continuaba con el pavimento original. La excavadora tocó un bloque compacto de piedras y argamasa, a una distancia de 3 mts de la fachada. En este bloque no se veían limites precisos y solo se apreciaba el hueco de una canalización que lo atravesaba para desaguar en un pozo ciego. Se limpiaron manualmente los elementos vistos, comenzando a verse una estructura maciza, de planta circular, con paramento en talud. La obra está cortada por un canal de desagüe de la vivienda que está encima, evacuando las aguas fecales a un pozo ciego que está a una distancia de 4’85 m desde la fachada. Una vez eliminado el pozo y los rellenos del foso se dejó al descubierto la mayor parte de la parte inferior de un torreón semicircular cuya base se encuentra a una cota de 3’30 m desde el suelo de la calle, apareciendo la piedra más somera tan solo a 21 cms del pavimento.
El torreón se construye con piedras y argamasa de cal, rellenando una estructura encofrada con tablones, cuya impronta se aprecia débilmente. Presenta paramento inclinado en su cara más saliente, pero esa inclinación va desapareciendo conforme se va acercando al muro del que sobresale, siendo casi vertical en su unión. Muro y torreón están íntimamente ligados, siendo obra única, con el mismo tipo de argamasa y relleno interior, presentando también paramento en talud. No hay por el momento una fecha precisa para su construcción, ya que todos los materiales hallados solo proceden de los rellenos que se adosan, posteriormente al S. XVI, a la pared del torreón, en la fase de rellenado del barranco. Por el tipo de materiales empleados y la técnica, parece ser una obra cristiana similar a las murallas del castillo cuyo origen es del S. XII, aunque en éste las torres son cuadrangulares. La estructura formaría parte de un antemuro o barbacana que estaría adelantado unos 8 o 9 metros a la muralla principal, esta sí, de cronología islámica. La muralla principal, con una anchura aproximada de 2’5 m; se localizó al excavar el solar del nº 28, pero no aparecieron restos de la barbacana porque queda inmediatamente debajo del muro de fachada y la excavación no se acercó hasta ella por seguridad. Por la localización de otros restos de amurallamiento en la calle Herrerías, sabemos que las actuales fachadas no se sujetan a ninguna línea de fortificación, y solo en el número 28, el que corresponde al torreón descubierto, coincidirían las alineaciones. Tampoco sabemos si el torreón forma parte de toda una serie de torreones frontales a la barbacana o se trata de un caso aislado para fortalecer la cercanía a la puerta del mercado. En las anteriores intervenciones, o se ha tocado por la parte interior del muro, o se han visto tramos muy cortos. Tampoco se podrá saber en esta ocasión, pues al no seguir la línea de fachada, la barbacana se va metiendo oblicuamente por el interior de las viviendas, no teniendo la oportunidad de que ningún otro torreón pudiera exceder de la línea de fachada actual. La Puerta del Mercado. La tercera zona de excavación se realizó en el encuentro de la Calle Herrerías con la Calle Granados. Aquí se planteo la realización de una cata en una de las zonas donde presumiblemente se esperaban encontrar restos con total seguridad, pues siempre se había planteado la existencia de una de las puertas islámicas de la ciudad. La cata se abrió coincidiendo con la apertura del pavimento para renovar toda una serie de llaves de paso para el agua y realización de una arqueta para contener las nuevas llaves. Se respetaron los restos de muros y una vez que se cambiaron las llaves se procedió a la excavación de las estructuras de forma mecánica mientras hubo rellenos modernos y de forma manual al llegar a niveles más antiguos y para comprobación de los estratos y limpieza de las estructuras.(20)
La excavación, en condiciones de barro y agua, casi imposible de llevar a cabo, dejó limpia una estructura principal formada por sillares bien escuadrados y rejuntados compuesta por dos muros paralelos que prolongaban la Calle Granados adentrándose en la actual de Herrerías. De estos dos muros, solo queda exento uno, pues el otro queda bajo una de las fachadas, viéndose solo una cara. El muro que queda visto por completo, tiene sus dos caras bien trabajadas, piedras cogidas con argamasa y una anchura de 90 cms.
Los dos muros hacen esquina y se cierran entre sí con un muro de menor grosor, 48 cms. Este muro aparece a una cota de 3’47 m, mientras que los anteriores lo hacen a 60 cms desde la superficie de la calle actual. La rotura de las esquinas donde doblan los muros principales, el hecho de no hallar arcillas compactas en el entorno exterior de los muros y que los rellenos que se encuentran hasta cotas de 2’90 m dan cerámicas del siglo XVI al igual que los primeros rellenos del foso o barranco, indicaban la existencia de una torre con puerta de entrada a la ciudad a cotas desde la parte baja del foso. Por debajo de la cota de 3’47 m se hallaron cerámicas medievales cristianas, fechables en el siglo XIV, por lo que estas estructuras formarían una anexión adelantada a la primitiva puerta islámica. La torre dejaría una anchura interior para la calle de tres metros, con una puerta practicable con solo dos metros de anchura. La rotura de los laterales de la puerta coincidiría con el momento de destrucción de los elementos principales de fortificación de Tudela en el primer cuarto del siglo XVI, levantándose posteriormente la cota de la calle, hasta la actual, con el proceso de rellenado del foso.
Debido a las filtraciones y el barro, fue imposible llegar hasta niveles islámicos. Tampoco se pudo ampliar la cata por la complejidad de los cruces de líneas de saneamiento, agua y gas que hay en esta zona. Solo cuando se renueven las redes en la calle Granados se podrá comprobar la conexión de esta fortificación con la original de cronología islámica. |
Los desarrolladores de este proyecto:
|
De la informática:
|
De la Arqueológica:
|
|
J.Mª de la Osa |